DESPUES DEL RUIDO

Hoy veo la luz.

No cae del cielo ni hace ruido.

Está ahí, al fondo, como una puerta que no sabía que seguía abierta.

Durante meses caminé con el cuerpo en guardia. Cada día fue un trámite, una espera, un nudo en la garganta. Viví rodeado de papeles, fechas, voces que no eran mías. Aprendí a hablar poco. A medir cada palabra. A dormir con un ojo abierto.

Hoy eso se rompe.

Escucho un veredicto y algo en mí se endereza. No es euforia. Es peso que se va. Es aire que vuelve a entrar donde antes había presión. Los abogados avanzan como caballeros sin espada, con argumentos en alto, defendiendo no una versión sino un hilo de verdad que resistió el ruido.

No hubo gritos.

No hubo triunfo.

Hubo claridad.

Pienso en todo lo vivido. En los días donde el miedo dictaba la agenda. En las noches donde el futuro parecía un cuarto sin ventanas. En las veces que dudé incluso de mi propia voz. Y aun así, seguí. Caminé.

Hoy gana algo que no se puede firmar: el amor que no soltó, la fe que no hizo ruido, la paciencia que no pidió aplausos. Ganan los que esperaron conmigo. Ganan mis hijos, aunque no estén aquí para verlo. Gano yo, sin alzar los brazos.

La luz no borra lo pasado.

Lo ordena.

Salgo del túnel sin correr. Doy un paso. Luego otro. No miro atrás. No hace falta. El camino sigue. Y por primera vez en mucho tiempo, lo veo.

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