CUMPLEAÑOS
Cumplo años en Belfort. Hace un mes mi vida se partió en dos y todavía no sé cómo seguir. Afuera hace frío. No el frío que uno comenta al entrar a una oficina, sino ese que se mete por las mangas, se instala en las manos, endurece las articulaciones y termina acompañando hasta el pensamiento. No conozco a nadie en esta ciudad. Tampoco tengo tiempo para conocerla. Estoy encerrado terminando un concurso que debe entregarse antes del amanecer mientras, al otro lado del Atlántico, me espera una audiencia que llevo días imaginando. La pantalla está llena de planos, correcciones y correos sin responder. Yo también. Hace días que me duele la cabeza. Duermo poco y como cuando me acuerdo. El café dejó de despertarme hace varias tazas. Reviso una planta, vuelvo sobre una fachada, cambio una línea, respondo un correo y vuelvo a empezar. Miro la hora. Después vuelvo a mirarla. La madrugada avanza sin hacer ruido. Recuerdo que es mi cumpleaños porque el teléfono vibra de vez en cuando. Respondo alg...